El Electronic Trade Documents Act 2023,  ¿por fin se aceptan los conocimientos de embarque electrónicos?

El Electronic Trade Documents Act 2023, ¿por fin se aceptan los conocimientos de embarque electrónicos?

Introducción

La reciente aprobación de este Act, debo reconocer, me ha transportado a los años en los que decidí especializarme en derecho marítimo. En aquellos años, en los que esto de internet daba sus primeros pasos y el comercio electrónico parecía algo de ciencia ficción, se llevaron a cabo varios intentos de introducir los conocimientos de embarque electrónicos. Aquí un servidor incluso escribió una elaborada y, quizás por la juventud, entusiasta tesina sobre el asunto.

 

Pero todo quedó en nada. Un melancólico BOLERO que llora esos siempre mejores tiempos pasados. Siempre dije y, por ahora, sigo manteniendo, que un conocimiento de embarque electrónico es como un trébol de cuatro hojas: se dice que existen, pero pocos son los que pueden confirmar que han visto uno.

 

Con el refrendo de nuestro flamante nuevo Rey, ha entrado en vigor el Electronic Trade Documents Act 2023[1]. Su objetivo fundamental es permitir que, sujeto a ciertos criterios de seguridad, esos documentos del tráfico mercantil en formato papel, tengan ahora el mismo nivel de fuerza y validez en su formato electrónico.

 

El nuevo Act abraza no solo a conocimientos de embarque, sino a cualquier otro documento del tráfico mercantil en nuestro sector, tales como un mate’s receipt, una póliza de seguro marítimo o, incluso, un albarán de un almacén[2]. Recordemos que el Act no pretende regular documentos que tengan función de título valor, sino, de forma mucho más amplia, los documentos que se usen en el comercio o en el transporte marítimo.

 

¿Qué se considera un documento electrónico del tráfico mercantil?

El punto de partida de la ley es que lo que se considera realmente relevante es la información, y no propiamente el formato[3]. Se nos dice, efectivamente, que de estar incluida la información que viene en formato electrónico en formato papel, se concluiría que la misma es un documento del tráfico mercantil, entonces, esa información electrónica debe ser un documento electrónico del tráfico mercantil.

 

Pero se exige algo más: que un “sistema seguro” se haya usado para:

  1. identificar el documento como único y distinto de otros
  2. evitar su edición no autorizada
  3. que solo una persona tenga control sobre el mismo
  4. que esa persona pueda demostrar que tiene dicho control
  5. que su transmisión no permita al controlador anterior ejercitar el mismo tras la transmisión[4].

 

¿Puede comerciarse con un documento electrónico?

El Act es palmario a este respecto: un documento electrónico debe ser considerado como si fuera un documento en formato papel. Existe pues una equiparación absoluta a ambos formatos, de tal suerte que una persona puede poseer un documento electrónico, puede endosarlo o puede desprenderse del mismo.

 

Y decimos “puede” ya que, como ocurre con el formato papel, si no se quiere que un documento electrónico sea negociable, basta que así se indique en el mismo. De este modo, se permitiría el uso del formato electrónico de los seaway bills, los cuales como es bien sabido no son negociables y la mercancía descrita en los mismos debe ser entregada al receptor indicado en el mismo.

 

Adaptación de otras leyes

El Act lleva a cabo una serie de modificaciones legales para adaptar de forma definitiva la aceptación de los documentos electrónicos del tráfico mercantil. Si bien en los últimos años ya todos los actos legislativos abrazan al formato electrónico, quedaban algunos por pulir y de este modo de modifica la ley que regula las letras de cambio y el COGSA de 1992.

 

Reflexiones finales

Siempre escuchamos aquello de que la tecnología siempre va por delante de la ley. Pues bien, aquí tenemos ya la legislación que permite aplicar en Reino Unido el tan ansiado reconocimiento jurídico a los conocimientos de embarque electrónicos.

 

Es posible que, al menos por una vez, el principal escollo se haya trasladado a la tecnología. Y es que el Act exige, como no puede ser de otro modo, que el sistema tecnológico en el que se desarrollan los conocimientos de embarque electrónicos sea “seguro”.

 

Por supuesto, y para alegría de los abogados, no se ofrece una definición de lo que debe considerarse “seguro”. El Act indica que se considerará “seguro”, tal como hemos visto, si el sistema permite tal o cual cosa. Pero si resulta que, permitiéndolo en un primer momento, el sistema es jaqueado o atacado, perdería esa condición. Y con ello, cabe preguntarse, ¿el documento ya no sería pues un documento electrónico? Así parece que sea a la luz del redactado del Act.

 

En este caso (o por supuesto en caso de que así se desee por cualquier otro motivo), la ley permite convertir un documento electrónico a formato papel, incluyendo una simple indicación en el documento de formato papel conforme a que viene de un anterior documento electrónico, el cual ya no tendrá fuerza alguna[5].

 

El reto de la tecnología será pues ofrecer ese sistema seguro e intentar homogeneizar ese sistema, de tal suerte que cualquier operador marítimo y comerciante puedan usarlo libremente sin obligar a que todos deban usar un sistema en concreto. No parece que este sea el caso en este momento.

 

Y por último y más importante ¿están los actores de la industria marítima preparados para este traslado al formato electrónico, ahora que la ley está ya preparada para recibirlo, y confiar sus costosos negocios a un documento electrónico? Si me permiten, yo seguiré, por ahora, con mi teoría de los tréboles de cuatro hojas.

 

Miquel Roca, Solicitor, en el día de San Antonio Abad de 2024.

LMA Legal Londres

www.lmalegal.co.uk

** Artículo publicado en la revista Astrolabio del Instituto Iberoamericano de Derecho Marítimo

 

[1] Puede verse aquí su texto completo: https://www.legislation.gov.uk/ukpga/2023/38/section/1/enacted

[2] Section 1(2)

[3] Section 2(1)

[4] Section 2(2)

[5] Section 4.